martes 27 de septiembre de 2011

Amigo

«¿Qué diré primero?», dice ella. «¿Le llamaré por su nombre o le diré amigo? ¿Amigo? No. ¿Cómo entonces? ¡Le llamaré por su nombre! ¡Dios, es una palabra tan hermosa y tan dulce de nombrar, amigo! Si me atreviera a llamarle amigo... ¿Si me atreviese? ¿Quién me lo prohíbe? Me lo prohibe que puedo mentir. ¿Mentir? No sé lo que será, pero si miento, me pesará. Por esto debo tolerarlo, pues no querría mentir. Dios, él no mentiría si me llamase su dulce amiga. ¿Y yo le mentiría? Ambos deberíamos decir la verdad y si yo miento, suya será la culpa. Pero ¿por qué me resulta su nombre tan difícil de pronunciar que quiero ponerle un sobrenombre? Me parece que hay tantas letras que enseguida, en la mitad, debería detenerme. Pero si le llamara amigo lo diría fácilmente. Puesto que temo flaquear al decir el otro nombre, querría, por mi sangre, que se llamara 'mi dulce amigo'.»

Soredamor, que no se anima a decir "Alejandro" en Cligés de Chrétien de Troyes


1 comentarios:

scorpio dijo...

que lindo, quiero leer ese libro