miércoles, 27 de diciembre de 2006

Llamados

13:20 Nilda
-Hola
-Hola ¿cómo está la abuela?
-Bien, se está yendo a acostar.
-¿Tomó líquido?
-Terminó la Sprite y recién le fui a comprar dos 7up.
-¿Tomó el caldo?
-Sí
-¿Los remedios?
-Recién le alcancé la caja amarilla.
-Bien. ¿Compraste yogur?
-Sí.
-Ah, bien, bueno. ¿A qué hora vas a ir a Lomas?
-A la tarde... Antes de irme lo despierto a Ale. ¿Me podrás prestar el auto esta noche?
-Vuelvo a las 8 pero tengo guardia pasiva.
-Bueno, entonces voy en colectivo a lo de Mariano.
-Sí, mejor.
-Bueno, un beso.
-Beso, chau.

13:58 Oscar
-Hola
-Hola Eze ¿hoy vas para Lomas?
-Sí...
-Bueno, ¿podés comprar una... una película?
-¿Eh? ¿Cuál?
-Un video.
-¿Un vhs?
-Eso.
-Sí.
-Porque mamá quiere grabar Montecristo y le pregunté a Ale y me dijo que hoy se quedaba él y que salías vos.
-Sí, está bien.
-¿Cuánto puede salir?
-Seis pesos, por ahí...
-Está bien, yo te doy la plata.
-O quei. Chau.
-Bueno, chau.





¿Mamá quiere grabar Montecristo...?

lunes, 4 de diciembre de 2006

Zeus y Sofía

De Zeus adoro su sutileza y su porte majestuoso. De Sofía me gusta su flequillo y sus ojos ámbar.A Zeus con frecuencia le juego, lo peleo para que me muerda el brazo, le tiro un corcho o una pelotita. Siempre le acaricio. Sofía me cae mal. Es rascarla para que no te deje en paz por un buen rato. No se puede dejarle la puerta abierta que ya toca el timbre algún vecino avisando que se escapó. Las veces que me habrá sacado de la cama mi abuela para que la vaya a buscar. ¡Y la llamás y no viene! Hay que correrla y llevarla alzada (¡con lo que pesa!). Cuando juego con Zeus y viene Sofía toda emocionada yo le digo "no, a vos no te quiero". Igual no soy tan cruel como puede parecer y la termino acariciando y sumándola al juego.Zeus es muy obediente: se sienta y da las dos patas a la orden, pero es ansioso en sus manías: perseguir luces, empujar las ventanas, ir a buscar tapas de desodorante y no devolverlas. Es aficionado a observarnos hacer remodelaciones a la casa. Sofía es bastante infiel, cuando se le pide que se siente, lo hace, pero rápidamente se acuesta. Da las dos patas bruscamente (en contraste a la gracia con que Zeus mueve sus extremidades) y siempre con el afán de que le den algo de comer. Además, muy seguido trata de escaparse para dar una vuelta por la esquina (sobre todo aprovecha la ingenuidad de mi abuela cuando viene el sodero).
Zeus es bastante indiferente al trato humano, excepto con las visitas que atiende entusiasta. Sofía es insoportablemente franelera, todo el tiempo espera que la acaricien. Se echa al suelo panza arriba con la mayor velocidad.

Zeus vive con nosotros desde hace seis años. Le debemos mucho porque siempre nos pone de buen humor. Es un cocker spanish negro, con su mancha blanca bajo el cuello (y también esconde otra entre los dedos de su pata trasera izquierda). Vino como un cachorro precioso que le regalamos a mi mamá en su día. Ella lo bautizó: Zeus, padre de los dioses. Inmediatamente su lugar fue más allá del de una mascota, se convirtió en el cuarto hijo de mi madre. Esto me benefició muchísimo en mi condición de hijo menor adolescente de un matrimonio grande.
Zeus se convirtió en un compañero diario. Es el ser vivo con el que comparto más horas al día (luego de él mi abuela). Me despierto tanteándolo con los pies sobre mi cama. Desayuno mientras se echa en el pasillo y vigila el frente. Cuando estudio él mira por la ventana que da al fondo. Si espero a que se caliente la pava apoyado en la mesa de la cocina, él se para en dos patas y se sostiene contra mi cintura para que le rasque la cabeza. Es un animal muy atlético y tiene muchísima fuerza para su pequeñez. Sin embargo tiene un vagar pausado por la casa y se queda mucho tiempo quieto, mirando.

Sofía vino a vivir con nosotros en 2003, teniendo ya cinco años. También es una cocker spanish negra. Era de una vecina que nos la regaló porque se divorció de su marido, que se la había regalado. En un principio fue regalada a unos amigos de mis viejos pero volvió porque perseguía ferozmente a una gata. Buscamos nuevo hogar para ella por unos meses pero terminó quedándose, sobre todo por apego de mi papá. A mí no me simpatizaba, me llamó la atención que a Caco tampoco.
Sofía se convirtió en la amiga permanente de mi abuela, sin dudas con quien más tiempo comparte. Se echa abajo de su silla, duerme al lado de la puerta de su pieza, la sigue a todas partes dentro de la casa. Sofía está muy excedida de peso (debe andar por los 18kg) y tiene patas cortas pero todavía corre como para hacerle competencia a Zeus.
No sé que puede guiar la naturaleza de los vínculos que uno establece con un animal. Cada vez me convenzo más de la arbitrariedad del afecto.

Zeus últimamente acompaña mis jornadas de estudio de punta a punta y hoy se me ocurrió hablar de mi relación con él... y Sofía se metió de pesada.