miércoles, 17 de febrero de 2016

Diccionario posta: Lontananza

Lontananza (f) Lejanía, parte más apartada de un lugar. Perteneciente al grupo de las palabras serias. Primer espacio donde se asoman las cosas que se esperan y que finalmente empiezan a llegar o donde regalan su última imagen antes de desaparecer las que se alejan. Ocasionalmente, allí miramos con melancolía cuando no hay nada que mirar. Casi siempre supone un movimiento -real o imaginario-, sea del observador o de la cosa que es observada. Piénsese: el ultimo peaje a la ciudad a la que se va a vacacionar, el cartel del 8 sobre la loma de Independencia a la vuelta del Gorlami, las lanzas erguidas y los pendones de la caballería (veasé: mesnada) cuando se está por perder la batalla. Locación esquiva a los miopes y de propensión al achinamiento ocular en todos los casos, puntos extra para el suspenso visual si se interpone el alba o el crepúsculo. Lugar donde se posan las ilusiones y la resignación, por ello, vinculado con el alivio y el suspiro. Quizás del italiano 'lontano' (lejos) y el español 'esperanza'. De alusión frecuente en la épica, como ya se ha mencionado, y quizás hasta allí pueda rastrearse su origen. Inexistente en el mito, donde generalmente las cosas o bien están a la mano o se esfuman en el éter inalcanzable. Espérese encontrar allí a los amantes por última vez en el romance (sobre una nube de ovejas en el género pastoril). En la tragedia, es el espacio que el espectador no puede ver y que los personajes secundarios adoran describir con exagerada locuacidad. Después de un revival neoclásico, el romanticismo europeo lo tapó con montañas para que luego la novela sentimental y la decimonónica lo volvieran metafísico. En desuso en los géneros urbanos como el policial y la novela de vagabundeo, aparece en las nostalgias del western, ocasionalmente recortando siluetas de hombres y pistoleras al amanecer y de hombres a caballo al atardecer. Demasiado largo para el terror. Demasiado corto para la ciencia ficción. Ajeno al universo místico y al secular por igual, es el espacio predilecto de la epopeya y el high-mimetic. De estrecha relación con el horizonte. Por eso, en las Pampas es la causa de todos nuestros males pero también la razón de nuestra fortaleza. No confundir con 'allende', cuyo sentido evoca a la ausencia de lo imaginable pero inasible.

viernes, 13 de febrero de 2015

SER O NO SER, AMIGO

SER O NO SER ¿ENTENDÉS, PELOTUDO? RESISTIR LOS DARDOS DEL DESTINO Y QUEDARTE PIOLA O PARARSE DE MANOS CONTRA OCÉANOS DE CALAMIDADES. ¿CAPAZ QUE BOLETEARLAS? MORIR... DORMIR, CORTA. Y CON UN SUEÑO NOMÁS AFLOJÁS CON EL PESAR DEL CORAZÓN Y BAJÁS MIL CAMBIOS A LOS MIL NATURALES CONFLICTOS QUE SON LOS QUE TE CABEN POR LA HERENCIA DE LA CARNE. ESO ESTARÍA PIOLA: MORIR... DORMIR, Y SI PINTA, SOÑAR! SEH, AHÍ ESTÁ EL QUILOMBO. PORQUE ES POSTA QUE NOS CAGAMOS POR CONSIDERAR QUÉ SUEÑOS PUEDEN ZAFAR EN ESE SUEÑO DE LA MUERTE, CUANDO NO CORTE NI PINCHE EL TORBELLINO DE LA VIDA.

ESTA ES LA GILADA QUE DA TAN LARGA VIDA AL INFORTUNIO! ONDA, ¿QUIÉN SE BANCARÍA LOS ULTRAJES Y DESDENES DEL MUNDO, LOS AGRAVIOS DE LA GORRA, LAS AFRENTAS DEL CHETO, LOS TORMENTOS DEL CORTE DE ROSTRO, LA TARDANZA DE LA MANDADA A GUARDAR, LAS INSOLENCIAS DEL QUÍA Y LOS DESDENES QUE EL PACIENTE MÉRITO RECIBE DEL CARETA, CUANDO UNO MISMO PUEDE MANDAR TODO A LA MIERDA CON UN SIMPLE ESTILETE?

¿QUIEN SE LA BANCARÍA? GEMIR Y SUDAR BAJO EL PESO DE UNA VIDA AFANOSA SI NO FUERA POR CAGAZO A LA PARCA, DE LA QUE NO TENÉS NI PUTA IDEA.

CAGAZO QUE DESCONCIERTA NUESTRA VOLUNTAD Y NOS HACE BANCARLE LA PARADA A LOS MALES QUE NOS AFLIJEN ANTES DE JUGARNOSLA POR OTROS QUE DESCONOCEMOS. ASÍ LA INCONSCIENCIA NOS VUELVE MARICONES A TODOS Y ASI A LOS PRIMITIVOS MATICES DE LA RESOLUCIÓN SE LES FRUNCE EN EL PÁLIDO TINTE DEL PENSAMIENTO, Y ASÍ EMPRESAS DE GRAN IMPORTANCIA, POR ESTA MANIJA, DAN MEDIA VUELTA Y SE LAS TOMAN.

E' ASÍ, OFELIA. ESPERO QUE MIS DEFECTOS NO SEAN OLVIDADOS EN TUS ORACIONES, ALTA GUACHINA.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Semblanza de ¿Querés Turrón? (con link de descarga)

Acá está toda "¿Querés Turrón?".

"¿Querés Turrón?" fue una revista digital, ultra pendeja, medio bizarra y bastante gasolera, que llevé adelante con amigos entre Agosto de 2005 y Abril de 2007. 10 números salieron de esa aventura. La semana pasada la encontré en un back up viejo y me pareció que la tenía que poner en algún lado (ya hace años dejé de pagar el hosting y ni siquiera renové el dominio de nic.ar la última vez). Algunas veces me había planteado volver a subirla. El freno principal para no haberlo hecho antes fue que casi todo lo que escribi ahí (como casi todo lo que hice entre los 18 y los 20 años, supongo) es un quemo. Quizás ahora, a más de 6 años de la última vez que salió, me resulta más fácil aceptar con cierta condescendencia la ingenuidad de esos años.

También habría que entender algunas cosas para hacerle justicia.

Sí, eramos jóvenes y debemos ser perdonados por ello, pero también hay que pensar en el estado de internet durante esos años. Hoy hay un montón de revistas culturales en formato wordpress que publican crónicas, reseñas, notas de interés general, con trabajo de investigación más o menos serio, buena prosa y onda. En 2005 en cambio la escena de internet la dominaban un montón de sitios feos, muy irregulares tanto en su periodicidad como en su contenido, y, sobre todo, más o menos aburridos. Aunque en su defensa hay que decir que canchereaban mucho menos. El blog era la nueva diva, pero todavía no estaba llegando a su pico de popularidad ni por asomo, y ciertamente no ofrecía las mismas posibilidades estéticas que estas revistas digitales querían explotar. Me parece que la idea que teníamos los que sabíamos algo de html y alguna vez habíamos armado una publicación escolar era que pagando dos mangos de hosting y laburando un rato se podía estar en la web y hacer cosas. Cosas que con el papel no se podía. Entonces la revista digital se transformó en una doble posibilidad: por un lado no tener que salir a fotocopiar fanzines (supongo que es lo que hubieramos hecho de haber nacido 5 años antes) para 20 o 30 que lo compren sino ponerlo gratis a disposición de todo el mundo; y por el otro ponerse a explorar las posibilidades lúdicas del diseño en html. Los cuelgues, los secretos, los botoncitos, eran boludeces fruto de la novedad del lenguaje, si se quiere. Más o menos grasa, más o menos poético, eso fue rápidamente percibido como la marca registrada de la revista y,  en una época en que no había Facebook ni Candy Crush, había lectores (casi todos amigos de amigos) que por esa razón esperaban que les llegue el mail spammeando la salida del nuevo número.

También hay que decir que mucha de la precariedad de la revista, que era mucho más pretensiosa pero también mucho más berreta que otras, se debía a que yo no tenía internet en ese momento (conocí la banda ancha recién a principios de 2006, después de 5 números). Hacer QT entonces, demandaba que yo hiciera todo el sitio en Dreamweave, que produzca la mayor parte del material gráfico haciendo collages con mis propios archivos, para después meter todo en un diskette de 3 1/, ir a un ciber y desde ahí subir todo al host. La cosa se puso más complicada cuando se rompió mi monitor Sync Master y veía cualquier cosa por colores. A pesar de todas las dificultades, las ganas se sobreponían.

La voluntad de QT fue hablar básicamente de todo lo que nos apasionaba, pero con mucho humor, con un tono de entrecasa, o mejor dicho, con el tono con el que un amigo medio payaso se maneja en una reunión en tu casa. Ese tono fue el disparador de la idea de hacer una publicación y las mayores inspiraciones que yo personalmente siempre tuve fue la revista 4 Segundos, un mítico comic de los 90s, aunque no tanto la historieta en sí misma como el material extra que venía al principio y al final de cada número; y la revista Lazer (animación, comics y la corrupción del mundo!).

Hay que decir que antes de esta versión hubo otra todavía peor que salió en 2004, único número. Yo todavía estaba en el secundario. Yo había escrito un editorial muy mersa, una sección descaradamente copiada del "No podés" de la ya mencionada Lazer, una crítica nerd completamente rabiosa de las pelis de El señor de los anillos y un ensayo sobre la piedra movediza de Tandil (éste último sería refritado más adelante). Mi amigo Caco había escrito una "nota" casi ilegible que era más un post de fotolog que otra cosa. También escribió un texto Nahuel Lag, en ese entonces flamante compañero de banco. Vueltas de la vida: hoy es periodista y pluma frecuente de la revista NaN y el diario Página/12 pero supongo que yo publiqué su primera nota (chantaje incoming). Iván prestó un cuento estupendo que ahora él ni debe tener una copia (yo sí). Todo el material que redacté lo hice canalizando en escritura la líbido incontrolable de un pendejo loser en el último año del colegio, nadie tenía puta idea de lo que hacía, pero, che, estamos en internet y no es un geocities! No hubo segundo número.

Pero casi un año después, por insistencia de Julieta, y sobre todo por su voluntad de colaborar, insistí en ese proyecto deforme. Los primeros tres números los hicimos Julieta y yo, con ayuda de Iván. Se nota bastante. Ju inauguró la sección Poemática, la más firme de toda la publicación. Iván asistía técnicamente y, muy importante, era el que tenía cámara digital (hay fotos en la revista que fueron sacadas con cámara de rollo, reveladas y escaneadas!). Seudónimos y notas sin firmar borran un poco las huellas de mi soledad en esa redacción febril de esos  números MENSUALES. Tres no podíamos hacer una revista, pero hacíamos como que sí y más o menos andaba. Con el cuarto número sumamos un nuevo redactor y la cosa empezó a tomar color: la columna del hipocondríaco, escrita por el bibliotecario de mi ex secundaria, mi profesor de taller literario, mi amigo, Pablo. En el siguiente se sumaria Matías a escribir sus desenfadadas y anticaretas críticas de cine y a partir de ahí vendrían algunos colaboradores más (Ezequiel Acevedo, Clara Sabat, seguro olvido a alguien). La mejor formación (?) fue la del último número, el único para el cuál hubo una reunión de staff, un esfuerzo de producción considerable y un rediseño no tan asqueroso. Se sumó Ailín para ayudarme con SIMIOS y Guada para prestarnos sus increibles fotos. Pero hizo falta que la cosa se pusiera un toque menos amateur para que todos colgáramos y la revista nunca más vuelva a salir.

En ese poco más de año y medio que la revista salió hubo un público fiel de amigos y conocidos que la bancó. Todavía atesoro muchos mails con devoluciones cariñosas y sagaces, cosa que no está mal releer a diferencia de mis editoriales, que me dan bastante vergüenza propia/ajena. Más increíble aún, algunas personas que llegaban de forma completamente azarosa a la web se llegó a enganchar, al punto de escribirnos mails considerablemente extensos (aunque de esos había más hace 6 o 7 años, bah, yo por lo menos hace mucho que no recibo ninguno). Mucha gente me siguió preguntando, pasado un año y más, cuándo iba a salir el #11. Todavía más loco: cuando el año pasado se publicó mi libro de poesía, un flaco que de casualidad cayó en la casa editorial se lo compró y le comentó eufórico a Juan, el editor, que me conocía de una revista web (que no puede ser sino ésta).

Así que hay tantos buenos recuerdos y la pasamos tan bien haciéndola que, a pesar de que efectivamente sea un quemo, vale la pena darle el gusto a los escasos pero agradecidos seguidores y poner este .rar para que lo bajen y naveguen QT en sus casas (además del post nostálgico, por supuesto). Lamentablemente faltan algunos archivos (más que nada imágenes aunque también, lo más lamentable, el artículo de cine de Clara) y la evolución de los browsers hace que muchas cosas se vean aún peor de lo que ya se veía y que muchos de los easter eggs originales ya no funcionen. Pero no todo son malas noticias (?), como bonus track esta colección trae la inédita última columna del hipocondríaco, que el señor P. P. me entregó para el #11 y jamás vio la luz hasta hoy.

En 8 años, cuando los proyectos de hoy me parezcan una pendejada, lo único que no va a haber cambiado, parece, es la vocación indie, que viene desde pibe.

viernes, 7 de junio de 2013

Gritar

Mis viejos nunca me levantaron la mano, siempre que me tuvieron que cagar a pedos me mantuvieron a raya con la potencia de sus gritos. Mi vieja es gritona. Mi viejo es super tranquilo, por eso el grito de mi viejo era como cuando Shaka abre los ojos. Como resultado de una crianza efectiva odio los gritos y me pone muy nervioso cuando la gente levanta la voz en una discusión. Por tanto, como no puedo fajar a mis alumnos y no quiero levantar la voz, trato de cagarlos a pedos mediante técnicas disuasivas como "les voy a dar tarea y les va a caber", "cada día que se portan así agrego una pregunta al parcial", todo dicho con la mejor voz de pancho. Trato de no cumplir con esas amenazas, porque no quiero ser gorra y porque (honestamente) implicaría laburar más por el mismo sueldo. A veces lo cumplo, no obstante. De todas formas, como la mayoría de los docentes sabe, esta estrategia eventualmente deja de surtir efecto (sobre todo con los grupos menos razonables) y, previo quedarse de brazos cruzados esperando que hagan silencio solos y golpear el borrador contra el pizarrón, uno no tiene más alternativa que gritar. Yo tengo una voz muy potente y grave, no hay forma que puedan pasar por encima de mi grito cuando la uso en su máximo volumen. De hecho fue bastante sorprendente para mí descubrirme capaz de llegar a esos decibeles. Cuando recurro al grito mis alumnos suelen recular. Se quedan callados y se enderezan, movidos por un repentino miedo animal muy explicable. Pero gritar me hace mierda. No físicamente sino emotivamente: me pone susceptible, intolerante, vulnerable. No grito porque me saco, me saco porque grito. Gritar es un final blow que me consume HP.

sábado, 25 de mayo de 2013

Discurso: 25 de mayo


 Tuve que escribir unas palabras para el acto del 25 de mayo del colegio en el que trabajo. En solidaridad con el gremio, subo el texto acá para que Google guíe a mis colegas hacia él en actos futuros.


Cielitos patrióticos
Palabras para el acto del 25 de mayo
Prof. Ezequiel Vila

Me resulta difícil pensar en el acontecimiento que nos convoca a través de las tesis filosóficas y las evidencias de la historiografía. Quizás sea porque de esa manera no estaría en mi área de especialización, quizás porque considero que el destino de los hombres escapa a todos los tejidos de causas y consecuencias que podamos formar. De todas maneras, y afortunadamente, la memoria nos ofrece una vía alternativa hacia el pasado que no es la de los hechos, los documentos y las certezas sino la de los relatos, las voces y la imaginación. La historia y la literatura son dos caras de la misma moneda, pero mientras la primera se circunscribe a lo manifiesto, la segunda nos obliga a ir hacia lo subterráneo. No quiero desmerecer a los patricios que vieron la oportunidad de gestar esta patria, a unas cuadras nomás de acá, hace más de 200 años, pero no voy a hablarles de próceres y actos de gobierno sino del pueblo y de su poesía. Quiero hablarles del primer pueblo argentino y de la primera vez que cantó.

Probablemente ninguno de ellos estuvo en la plaza el 25 de mayo de 1810, pero adjudico la invención de la patria a los gauchos, los mestizos, los soldados que dieron su vida en las luchas de independencia. Ellos hicieron que una rebelión oportuna, meritoria y justa, pero porteña al fin, se convirtiera en una reivindicación común, un deseo colectivo, una causa nacional. Los gauchos dieron al republicanismo bonapartista y al ideal romántico el idioma latinoamericano y el acento telúrico. La lucha en las vastas llanuras de América no podía tener la tristeza del Hyperion de Hölderlin ni la solemnidad del romanticismo europeo en general. Necesitaba de la provocación y el humor que los soldados cantores diseminaron en los campos de batalla con sus cielitos patrióticos.

Bartolomé Hidalgo fue un huérfano, pobrísimo, venido de la Banda Oriental, soldado desde los 18 años, miembro desde el primer año del ejército de la revolución, que compuso y puso por escrito la mayoría de los cielitos y diálogos patrióticos de los que nos quedan testimonio, verdaderos cantos de guerra que las tropas se pasaban alrededor del fogón en los campamentos para animarse. ¿Qué otro tenor puede tener la identidad patriota en América si no es la de los versos que aparecen, por ejemplo, en el “Cielito contra el Manifiesto de Fernando VII”?

El conde cree que ya es suyo
nuestro Río de la Plata:
¡cómo se conoce, amigo,
que no sabe con quién trata!

En política el Rey es diablo
vivo sin comparación,
el reino que le confiaron
se lo largó a Napoleón.

Para la guerra es terrible
balas nunca oyó sonar,
ni sabe qué es entrevero,
ni sangre vio coloriar.

Lo lindo es que al fin nos grita
y nos ronca con enojo,
si fuese algún guapo... ¡vaya!
¡Pero que nos grite un flojo!
(“Cielito contra el Manifiesto de Fernando VII” - Bartolomé Hidalgo)

¿Quién puede escuchar estos versos burlones y orgullosos y dudar que no provienen de un pueblo que nació para ser libre? Estos cielitos repletos de provocaciones, chanzas e insultos, no se limitan a proclamar la emancipación y la soberanía sino que están concebidos, ante todo, para ridiculizar a los enemigos. La patria se contagió con la necesidad de recordarle a los españoles que éramos libres y que éramos mayores, que ya no mandaban en el Río de la Plata, que habían corrido en Maipú, que hablaban en un español colonial y ceremonial que ya nada tenía que ver con nuestro criollo risueño y desfachatado. Para estos hombres la conformación de la patria es la oportunidad de que la identidad sea el caballo, la llanura, el cuchillo. La patria es la promesa de ser ellos mismos con la frente en alto, la oportunidad de vivir entre iguales. Seguramente la patria fue una idea intelectual, pero el pueblo rápidamente se la apropió.

Pero si el cantor respira la libertad para burlar al extranjero también se siente habilitado para criticar el proceso desde adentro. Las tensiones que un poeta oficial jamás podría recuperar se encuentran representadas en varios diálogos patrióticos, suerte de payadas a contrapunto que recorren junto a los cielitos las tiendas de campaña y las pulperías. La conciencia crítica que recién podremos encontrar en los intelectuales nacidos durante la revolución (como Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento), encuentra un precedente en versos como los que siguen:

De los años que llevamos
de nuestra revolución
por sacudir las cadenas
de Fernando el balandrón:
¿qué ventaja hemos sacado?
Las diré con su perdón:
robarnos unos a otros,
aumentar la desunión,
querer todos gobernar,
y de faición en faición
andar sin saber que andamos:
resultando en conclusión
que hasta el nombre de paisano
parece de mal sabor
(“Diálogo patriótico interesante entre Jacinto Chano, capataz de una estancia en las Islas del Tordillo y el Gaucho de la guardia del Monte” - Bartolomé Hidalgo)

Quiero cerrar estas palabras con una anécdota sobre esa canción que escuchamos hace un rato. El 25 de mayo de 1812, Luis Ambrosio Morante, en palabras de todos un “mulato, gordo y feo” epítetos que no le impedían ser el actor principal de la naciente escena teatral porteña (algo solo posible después de la Revolución, por cierto), escribe y protagoniza la obra “El 25 de Mayo o Himno a la libertad”. Con música de Blas Parera, la obra finaliza con un poema escrito por el mismo Morante. En las gradas de esa representación se encontraba el abogado y político antisaavedrista Vicente López y Planes, quien, conmovido, escribe esa misma noche los versos que siente que le faltaron a esa canción:

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

La asamblea del año 1813 le encargará la composición del himno nacional. López y Planes convoca a Blas Parera y escribe en perfectos decámetros una nueva letra para esa marcha triunfal oída en el teatro. El himno, conocido entonces como “Canción patriótica” se canta en las tertulias de Buenos Aires. Pero no tarda en volver a las masas. Este es el testimonio de uno de los tantos viajeros ingleses al Plata, durante la década de 1810:

Por la tarde, nuestros compañeros, después de beber un vaso de algo estimulante, rompieron con una de sus canciones nacionales, que cantaron con entusiasmo como nosotros entonaríamos nuestro ‘Hail Columbia!’. Me uní a ellos en el fondo de mi corazón, aunque incapaz de tomar parte en el concierto con mi voz. La música era algo lenta, aunque audaz y expresiva... este himno, me dijeron, había sido compuesto por un abogado llamado López, ahora miembro del Congreso, y que era universalmente cantado en todas las provincias de El Plata, así en los campamentos de Artigas, como en las calles de Buenos Aires; y que se enseña en las escuelas como parte de la esencia de la educación de la juventud...
(Viajes a América del Sur - Henry M. Brackenridge)

Si el pecho de los viajeros, inflamado por la caña, busca las estrofas del himno nacional como la mano sin darse cuenta busca la botella, creo yo que es porque López y Planes encontró en esos últimos versos la esencia de la causa patriótica, la insignia que solo puede llevar un pueblo orgulloso y guerrero, algo que solo puede decirse un hombre decidido a salir al campo de batalla: ¡venceremos “o juremos con gloria morir”!.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ayuda

«La innovación narrativa más importante de la historia -y, por qué no, de la prehistoria- la introdujeron los ingenieros de Microsoft en la forma de un clip animado que, cuando uno empieza a escribir un ensayo sobre árboles y dependencias sintácticas, salta y dice algo como: "Usted está por escribir una carta de amor, ¿necesita ayuda?". La tentación a decir que sí es muy fuerte, casi obvia, y explica la ausencia de combates teóricos en las últimas décadas.»

Me lo escribió en Facebook hoy Augusto Trombetta. Me pareció lo suficientemente genial para subirlo acá sin pedirle permiso.

jueves, 19 de julio de 2012

Aceleración y desaceleración

El crecimiento hiperbólico es el patrón que algunos indican que sigue el aumento de la información y de hecho ha sido el ritmo en como ha venido creciendo la población mundial por lo menos hasta principios de siglo. Robert Anton Wilson generalizo la ley del crecimiento de la información bajo el nombre del fenómeno del Jesús saltador, que se inspira en la idea de comenzar a contar los años a partir del nacimiento de Jesús, aunque también parece un nombre irónico y humorístico, porque a medida que pasa el tiempo no son pocos los que siguen pensando en el fin del mundo y la inminente llegada de Jesús. Según Wilson, se inspiró en Alfred Korzybski, el autor de la Semántica General, quien habría observado que la información se duplicaba cada cierto tiempo. Korzybski tomo como base, de todo el conocimiento acumulado y disponible por la humanidad, el año 1 después de cristo, Wilson le llama el primer Jesús. La primera duplicación se habría dado durante el apogeo del renacimiento, con lo que se tendrían entonces 2 Jesús. La segunda en el año 1750, 4 Jesús y las siguientes en los años, 1900, 1950, 1960, 1967 y 1973 (128 Jesús). Para el 2000 se calculaba que la información se duplicaba 2 veces en un año. Sin embargo de acuerdo a otro estudio realizado por la Universidad de Berkeley en el año 2004 por los profesores Peter Lyman y Hal Varian, a instancias de Microsoft Research, Intel, HP y EMC, la información que se genera y se registra en el mundo aumenta a un ritmo de solamente 30% anual desde 1999.

Fuente: Wikipedia.


"la información que se genera y se registra en el mundo aumenta a un ritmo de solamente 30% anual desde 1999"

jueves, 12 de julio de 2012

Hilos

Hoy me escribió un mail mi director de adscripción para agradecer la reseña de su libro más reciente que publicamos en nuestra revista.
El domingo, antes de que ella llegara, pedí un café y estuve leyéndolo.
El amor y la literatura en la Buenos Aires posmoderna y oscurantista.

jueves, 16 de febrero de 2012

Recepción

El principio consistía en mi mamá ayudándome a vestirme. Yo salía de la habitación, bajaba una escalera y todos me aplaudían. Era un salón lleno de amigos alrededor de unas mesas con caballetes, todos aplaudiendo de pie. Estaban celebrando mi recuperación. Yo estaba emocionado y contento, pero sabía que no tenía que olvidar lo que estaba soñando para contarle al profesor. Mi mamá estaba conmovida también. Yo les agradecía y sobre todo le agradecía al profesor, sin cuya asistencia no podía haberme recuperado. Algunos invitados me vestían con bloques de plástico amarillo, y me convertía parcialmente en cyborg. De repente estaba de nuevo escaleras arriba, en la habitación, con el profesor y trataba de contarle el sueño de la bienvenida. El profesor intentaba escucharme pero lo notaba distraído. Volví a bajar la escalera y entre la recepción esta vez notaba a Matías Delgado quien me saludaba con muchísimo afecto. Con él estaba su prima, que era igual a él pero trasvestido. Regresaba a la habitación y contaba la variante, el doctor veía mi sueño proyectado en la pared y quedaba embobado. Le preguntaba cuánto había dormido esta vez, si cuatro días, una semana o más. Pero el doctor no me contestaba, en cambio me confesó que la mujer de mi sueño había sido un gran amor, una ex paciente. Me cuenta que soñaron juntos cuatro meses seguidos, que fue un escándalo en su momento. Incluso salió en los diarios y tuvo que dejar por un tiempo la profesión. Yo veía en mi mente (o soñaba) la tapa del diario en la que los veía a los dos fotografiados en blanco y negro por sorpresa. Volvía a soñar con mi bienvenida, pero esta vez, antes de abrazarme con los que me recibían, me subía a un banco y trataba de decirles que les agradecía pero que era una falsa alarma, tan solo otro sueño. Despertaba de nuevo con el profesor y los dos conveníamos en que mi recuperación estaba cerca. Seguí soñando con la fiesta.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Sueño relatado en un mail viejo que me encontré buscando otra cosa

Soñé que jugaba un partido de rugby a beneficio con superestrellas del deporte y la cultura. El capitán del seleccionado irlandes me regalaba una pelota de rugby pinchada, con su firma y yo la remataba. Creo que por mercadolibre.
Más tarde había una cena y a algunos de los invitados nos daban medallas de honor de la fundación Nobel, con una botellita de champagne. Despues a los más jóvenes nos hablaba un organizador, que nos decía que fueramos humildes y piadosos con nuestros discursos de aceptación de la medalla porque le iban a dar el premio Nobel a un médico con una enfermedad terminal. Básicamente nos decía: "no hagan chistes estúpidos". Yo estaba medio borracho por la cena y no tenia ganas de recibir mi premio, preferia que me lo lleven a casa porque no quería quemarme con un discurso complaciente que abrazara la careteada post dictadura, conjeturaba que igual dentro de un par de años alguien (de Puan) en alguna entrevista me iba a preguntar por ese evento y yo iba a tener que contestar que fui por la guita.
Me fui.
No sé porqué era famoso en mi sueño.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Deliciosamente enferma

«Nodriza, dice ella, os aseguro sin mentiros que no creía que padeciera ninguna enfermedad, pero ya no lo creo más. Este solo pensamiento me hace mucho daño y me causa gran aflicción. Pero ¿cómo puedo saber, sino lo he experimentado, lo que es salud o enfermedad? De todos los males el mío es diferente, si os digo la verdad. Me satisface y me produce dolor y me deleito en mi desgracia. Y si puede existir un mal que agrada, mi pesadumbre es mi deseo y mi dolor es mi salud. No se de qué me lamento, pues nada siento que me cause dolor a no ser mi propia voluntad. Tal vez mi deseo es sufrir, pero encuentro tanto placer en mi deseo, que me hace sufrir dulcemente, y tanta alegría en mi pesadumbre, que estoy deliciosamente enferma. Nodriza Tesala, dime, ¿no es hipócrita este mal que me parece dulce y me angustia? No sé cómo reconocer si es una enfermedad o no. Nodriza, dime pues el nombre, carácter y la naturaleza. Pero sabe bien que no tengo en absoluto la menor intención de curarme, pues amo mucho este dolor.»


Fenice se regocija en su angustia amorosa en Cligés de Chrétien de Troyes

martes, 27 de septiembre de 2011

Amigo

«¿Qué diré primero?», dice ella. «¿Le llamaré por su nombre o le diré amigo? ¿Amigo? No. ¿Cómo entonces? ¡Le llamaré por su nombre! ¡Dios, es una palabra tan hermosa y tan dulce de nombrar, amigo! Si me atreviera a llamarle amigo... ¿Si me atreviese? ¿Quién me lo prohíbe? Me lo prohibe que puedo mentir. ¿Mentir? No sé lo que será, pero si miento, me pesará. Por esto debo tolerarlo, pues no querría mentir. Dios, él no mentiría si me llamase su dulce amiga. ¿Y yo le mentiría? Ambos deberíamos decir la verdad y si yo miento, suya será la culpa. Pero ¿por qué me resulta su nombre tan difícil de pronunciar que quiero ponerle un sobrenombre? Me parece que hay tantas letras que enseguida, en la mitad, debería detenerme. Pero si le llamara amigo lo diría fácilmente. Puesto que temo flaquear al decir el otro nombre, querría, por mi sangre, que se llamara 'mi dulce amigo'.»

Soredamor, que no se anima a decir "Alejandro" en Cligés de Chrétien de Troyes


miércoles, 3 de agosto de 2011

Que quede claro

Mañana me voy a anotar en italiano. Y no es sólo porque crea que es la lengua más langa, chula y calentona. Es por el Orlando furioso también.

Se ve que Twitter me malacostumbró a ser sucinto porque las palabras me las guardo para los papers y las monografías y mientras las noches se acumulan y mis ojos se pasean por el océano de páginas de A Song of Ice and Fire, mis labios solo balbucean: "qué pedazo de turra".

jueves, 28 de julio de 2011

Otro epílogo para Cárcel de amor

Comulgo con aquellos que no toleran los puntos finales. Descontento con su amargo desenlace, Nicolás Ñúñez escribió en 1496 un epílogo a la Cárcel de amor de Diego de San Pedro. Allí Laureola rompía el silencio y exponía su tragedia, revelando su amor desgarrador hacia Leriano y lamentando, desconsolada, el suicidio del cautivo macedonio. Ese epílogo fue incorporado en las ediciones que siguieron hasta casi olvidarse que no se trataba de la pluma de Diego de San Pedro.

Si me fuera dado reescribir ese epílogo ahora, me concentraría en dos aspectos. Primero, en el deseo de Laureola de visitar el sepulcro de Leriano. La princesa no podría visitar la tumba del noble: si lo ha amado, los mismos motivos que la obligaron a negarse a su cariño le impiden llorar públicamente su muerte; si nunca lo quiso, la visita a la tumba del piadoso héroe podría tener un fin redentor, pero solo conseguiría manchar el honor que su silencio mantuvo blanco.

El segundo aspecto es la lectura de las cartas de Leriano. ¿Qué palabras cobran mayor valor que las de un difunto? En su encierro hilandero, en esa torre de princesa aburrida, solitaria, Laureola solo podría leer y releer las epístolas del joven caballero fenecido. Acrecentando su pena a cada instante, con cada cumplido, lamentando el final que ella no supo remediar. Acaso algunas noches prolongadas se preguntará si todo no fue un sueño, y mirará el trazo del joven muerto para convencerse de que todo efectivamente ha sucedido (es la flor de Coleridge, la que prueba la realidad de lo fantástico, yo tengo un libro que me devolvieron, quién sabe).

Me gustaría, en ese relato imaginado, que Laureola se enamore de Leriano póstumamente, que ya no pueda huir de su sombra y que finalmente, tan imbécil como el propio Leriano, se arroje a una hoguera abrazada a las cartas.

miércoles, 13 de julio de 2011

Dibujos viejos, interpretaciones nuevas

Veo una pintura bizantina en la que hay un tipo acostado en un lecho de cemento y otro parado a sus pies que se supone es su asesino, ambos en una cámara mortuoria cristiana oriental, muy adornada, marrón y dorada. El asesino no sabe que en realidad el tipo acostado finge su muerte, y que en cuanto se dé vuelta el muerto lo va a tomar del cuello con dos manos vigorosas y los va a estrangular ahi nomás. Ambos tienen los ojos abiertos, el asesino mira al muerto, el muerto mira al techo. Esa tensión me fascina.
El titular de cátedra (Rodríguez Otero) propone otra interpretación en su teórico y dice que el hombre en el sarcófago es Trinchero (de hecho se parece muchisimo, pienso). Todos los alumnos ríen.
Después en una charla con mate en casa le muestro el grueso libro en el que tengo una reproducción del cuadro a mi viejo, a una conocida y a una desconocida.
Discutimos los cuatro sobre su composición.

viernes, 8 de julio de 2011

La amistad y la cuestión nacional

Estabamos en El Carguero con Iván y Ramiro. Era el año 2006, creo. Ramiro llevaba la bufanda cruzada a medias y los tres teníamos vino en el vaso. Hablábamos de literatura, seguramente. Iván nos cuenta de la visita de un escritor foráneo (no recuerdo cuál, no quiero buscarlo) que al marcharse del país le preguntaron cual era su opinión de los argentinos y contestó: "los define su único anagrama".
Voraces, Ramiro y yo sacamos lapicera y papel para descubrir el misterio. Nimbo se hacía el distraído, nosotros tachábamos letras.

A R G E N T I N O S

Mirando el papel y repasando las cuentas nos reimos un rato. Iván develó el pensamiento de ¿Vargas Llosa? ¿Arguedas?:

I G N O R A N T E S

Ramiro dijo algo así como que mi armado era más feliz y que debíamos difundirlo. Me pregunto si seguirá reescribiendo la historia para los pájaros; estoy seguro de que sí y que de alguna forma yo hago lo mismo. Hace poco estuve tentado de mandarle un mail. No fue la primera vez ni es la única persona con la que me pasa. Quizás debería escribirle primero a él y después ver si vale la pena mandarle viento a los demás. Sería lo mejor. Además, Ramiro es uno de los mejores contestadores de mails que conozco.
Mi respuesta había sido:

I N T E G R A N O S

Iván también la consideró superior a la del soberbio escritor latinoamericano.

domingo, 26 de junio de 2011

Hace bastante que sueño hipotácticamente

No sé dónde comienza el sueño, pero en la puerta de Puan me encuentro con su compañera inseparable, que está vestida de rosa y blanco, un poco me llama la atención su infantil atuendo. Ella me saluda y casi que me obliga a seguirla, cuando toda mi intención es de esquivarla. Por la cortesía que me caracteriza, la acompaño subiendo las escaleras mecánicas de la facultad que tiene ventanales gigantes en el techo por el que se filtra una luz gélida de inverno.
Obviamente nos encontramos con L, que tiene una onda distinta, habla dos cosas con su amiga y yo me quiero marchar pero me sostiene del brazo. Tiene piercings en la boca y en la nariz (¿será un desplazamiento de los piercings de A? para pensarlo), está sencilla y muy linda, como siempre, lleva puesta la remera verde de manga larga que tiene en las fotos que le saqué en el micro que nos trajo de Bariloche hace unos años. Me habla, hace frío o estoy temblando de nervios, el piso de la facultad está desierto y se parece cada vez más a un aeropuerto. Sus palabras son torpes, siempre lo fueron, pero entiendo lo que quiere decir y antes de que complete su discurso la tomo entre mis brazos. La sensación del beso es muy pregnante, siento sus nuevos aros hacerme cosquillas en los labios.
Hablamos de banalidades y me cuenta que se los hizo en un arranque de querer encontrar cosas nuevas, muy clisé, ella sabe que lo es. Su cara está fría y un segundo beso me hace sospechar, le pido que por favor no sea un sueño y me condeno a despertarme en una plaza. Al lado mio, tirado en el pasto está B y otros amigos, que escucharon mis palabras entresueños y entendieron todo. Yo lo comprendo inmediatamente y me largo lleno de vergüenza esquivando a la gente (en la plaza en la que estamos hay un recital) y a mis amigos que intentan disuadirme, me piden que me calme, que me quede.
Todavía muerto de vergüenza y ofendido conmigo mismo, me tomo un tren hacia el fin del mundo. Las vías recorren una cordillera gigante e infranqueable, la gente se va bajando estación tras estación. La temperatura baja pero ya no siento más frío. Estoy solo en el vagón cuando el tren arriva a la última estación. Desierta. Corre un viento paralizante. Aun tengo que caminar un par de kilometros para alcanzar el único paso a través de la cordillera, hacia el otro mundo. Recorro ese camino inhóspito con decisión. Entre la nieve apenas se ven unas construcciones simples abandonadas, hechas probablemente por gobiernos peronistas del pasado. Llego a la brecha, unos perros o monos juegan con una pelota y uno sin querer se quiebra el cuello en una caída, pero sigue jugando. Cruzo la cordillera, como si fuera una pared, por un umbral. Del otro lado todo está nevado y descubro que el secreto de la patria a la que me he autoexiliado es que está repleto de criaturas mágicas salvajes. El pensamiento me advierte que esa magia me va a ser adversa, pero igual decido quedarme, aunque la idea de volver y develar el secreto me tienta. Decido quedarme para no volver.

viernes, 18 de marzo de 2011

Verse morir

Bajo el subtítulo "¡Cerrado por obras!", Benjamin escribe en Dirección única:
Soñé que me quitaba la vida con un fusil. Cuando salió el disparo, no me desperté, sino que me vi yacer, un rato, como un cadáver. Sólo entonces me desperté.
Yo soñé igual una vez.